miércoles, 11 de septiembre de 2013
EL DÍA EN QUE BARCELONA SE RINDIÓ A FELIPE V DE BORBÓN. FELIÈ V EL ANIMOSO La capital catalana, que había proclamado como Rey de España a Carlos III, resistió un asedio de 13 meses pero, abandonada por la alianza austracista, al final sucumbió Cada 11 de septiembre muchos catalanes celebran su fiesta o «Diada». ¿Por qué el 11 de septiembre y no cualquier otra fecha del calendario? Porque el 11 de septiembre de 1714 la ciudad de Barcelona se rendía a las tropas del rey Felipe V, de la dinastía De Borbón. ¿Luchaban los catalanes por su independencia? No, luchaban por colocar en el trono español al archiduque Carlos de Austria, una pretensión que la derrota les arrebató. El 11 de septiembre de 1714 se enmarca en los estertores de la Guerra de Sucesión (1700-1714). Esta guerra dividió en dos bandos no sólo a los españoles, sino también, y primero, a los europeos. Cuando los aliados austracistas (Inglaterra, Holanda, Portugal, Austria) se dieron de baja en la contienda, ésta quedó sentenciada. Entonces Barcelona aún aguantó 13 meses de bloqueo antes de ser entregada. Rafael Casanova, conseller en cap, cayó herido, que no muerto, en esta batalla final. El testamento de Carlos II Para rememorar este lance histórico es necesario viajar más de tres siglos atrás. En 1700 el rey de España Carlos II, apodado El Hechizado, moría sin descendencia. En su testamento instituyó como heredero del trono a Felipe, duque de Anjou, nieto del rey francés Luis XIV y también de la infanta española María Teresa de Austria. Rompía así, por voluntad propia y a pesar de las muchas presiones, con dos siglos (XVI y XVII) de reinados de la Casa de Austria en España e instauraba los reinados de la Casa de Borbón, que llegan hasta nuestros días. Pero esta ruptura iba a resultar traumática. Así lo explica el insigne historiador Ricardo de la Cierva en su monumental Historia total de España: «El testamento de Carlos II, abierto a raíz de su muerte entre una enorme expectación de España y de toda Europa, fue de momento respetado en Europa pero pronto desencadenó la repulsa del Imperio austriaco –a la que se unió la Corona británica, por razones de conveniencia y equilibrio- y con ella la guerra de Sucesión española, que fue una guerra europea en el interior de España y una guerra civil española porque mientras la antigua Corona de Castilla aceptaba a Felipe V los territorios de la antigua Corona de Aragón reconocieron por Rey de España al archiduque Carlos, denominado aquí Carlos III». Siguiendo la citada obra, el rey francés Luis XIV sabía que aceptar el testamento de Carlos II significaba la guerra europea contra Francia y España. Pero lo aceptó y presentó a su nieto Felipe como nuevo Rey de España ante la Corte reunida en el salón de los Espejos del palacio de Versalles. Le dio los siguientes consejos: debía ser un buen español pero no olvidar su origen francés; respetar las instituciones españolas, viajar continuamente por el país, sentir y demostrar un gran respeto por la Iglesia, cuyo poder e influencia en España eran decisivos, y acometer una profunda política de reformas para modernizar España. Felipe V El Animoso llega a España Con sus 17 años (había nacido en Versalles el 19 de diciembre de 1683), Felipe V entró en España con una resolución y confianza que le valieron el apelativo de El Animoso. Escribe De la Cierva: «Todos los reinos de Europa le reconocieron con mayor o menor sinceridad y los pueblos y ciudades de Guipúzcoa y Castilla le acogieron con entusiasmo desbordante». Después de aguardar unos días en Irún a que la reina viuda Mariana de Neoburgo se retirase a Toledo, llegó a Madrid el 18 de febrero de 1701. El 8 de mayo siguiente juró solemnemente como Rey de España ante las Cortes de Castilla reunidas en el convento de San Jerónimo el Real. Casi al tiempo, la parisina Ana María de la Trémoille, princesa de Orsini o de los Ursinos, concertaba en Turín el matrimonio de Felipe V con la princesa María Luisa Gabriela de Saboya, que por entonces tenía 13 años. Antes de conocer a su mujer, «Felipe V salió para Barcelona y en el camino juró los Fueros aragoneses en la basílica del Pilar de Zaragoza en medio del entusiasmo popular. En Lérida juró por primera vez los Fueros de Cataluña y luego renovó sus promesas ante las Cortes reunidas en Barcelona el 12 de octubre. Se presentó ante los catalanes, que recelaban de sus propósitos, como celoso defensor de sus libertades –dice el gran historiador catalán Jaime Vicens Vives- y promotor de su progreso. Aprobó en Barcelona concesiones muy importantes como un puerto franco para la ciudad y el establecimiento del comercio catalán con las Indias…» El 3 de noviembre de 1701 se encuentra por fin con su esposa en Figueras, y los reyes instalan ese invierno su Corte en Barcelona. La alianza austracista entra en liza La guerra se empezó a gestar en Europa, no en España. «El emperador Leopoldo de Austria intrigaba en las cancillerías protestantes y marítimas de Inglaterra y Holanda contra la alianza dinástica francoespañola, que podría dominar con facilidad todo el continente americano (…) Entonces Guillermo de Orange, rey de Inglaterra y archienemigo holandés de España, concertó en La Haya el 7 de septiembre de 1701 la gran alianza europea contra Luis XIV; la firmaron Inglaterra, Holanda, Dinamarca, el elector de Brandeburgo a quien el emperador Leopoldo reconoció como rey de Prusia y por supuesto el propio emperador de Austria, cuya dinastía se consideraba la gran perjudicada por la sucesión borbónica española». Las hostilidades estallan en Flandes e Italia en la primavera de 1702. Felipe V El Animoso llega por mar a Nápoles y consigue grandes victorias en la región del Po. Pero pronto la amenaza naval de las escuadras inglesa y holandesa se cierne sobre las costas españolas. Gracias al empuje y a las órdenes de la adolescente Reina María Gabriela, Cádiz resiste un asedio. Como dice Ricardo de la Cierva: «Pronto creyó toda Europa que Felipe V perdería su trono inevitablemente; pero los agoreros no contaban con una especie de milagro, la adhesión inquebrantable y absoluta de la antigua Corona de Castilla a unos Reyes que apenas habían tenido tiempo de arraigar en España. La victoria final de Felipe V y María Gabriela se ganó en los campos de batalla de España, pero dependió sobre todo de la adhesión popular, un factor moral». Sin embargo, el camino a la victoria sería largo y tortuoso. Entre 1704 y 1706 los borbónicos cosecharon importantes derrotas. Entre ellas, una muy dolorosa cuyas secuelas llegan hasta nuestros días: la pérdida de la ciudad de Gibraltar. El 4 de agosto de 1704, la escuadra anglo-holandesa del almirante Rooke consigue, gracias a una apabullante superioridad de fuerzas, la rendición de la plaza, defendida por don Diego de Salinas con 80 soldados y 470 milicianos. Los gibraltareños abandonan su ciudad solemnemente para instalarse en San Roque. El príncipe Darmstadt toma posesión de la Roca en nombre del Rey Carlos III de España. Inglaterra reconoce que ha conquistado Gibraltar para España el 17 de noviembre. Pero Rooke, que no consigue conquistar Ceuta, iza en el Peñón la bandera inglesa. Y desde entonces. La causa de Carlos III arraigó en España en los territorios de Aragón, Valencia y Cataluña. El motivo político fundamental es que recelaban de la Administración centralista borbónica, y temían por la pérdida de sus propios fueros e instituciones, como finalmente sucedió. «El 8 de agosto la escuadra aliada fondea junto a Denia (…) la rebelión prende con fuerza en el reino de Valencia, sobre todo desde el éxito decisivo de la escuadra en Barcelona, frente a la que apareció el 22 de agosto». En Barcelona también se produce una división entre borbónicos y austracistas, pero pronto el apoyo a Carlos III se convierte en hegemónico: «Antes de acabar el año 1705 toda Cataluña le reconocía por Rey menos la ciudad de Rosas; y todo el reino de Valencia menos la ciudad de Alicante enarbolaba también su pendón». La remontada borbónica No cabe aquí un recorrido exhaustivo por la Guerra de Sucesión, pero es importante destacar dos batallas decisivas, que terminaron de inclinar la balanza del lado de los borbónicos. El 25 de abril de 1707 los dos ejércitos chocaron en Almansa (Albacete), donde las tropas del duque de Berwick infligieron a las de Lord Galloway y el marqués das Minas una severísima derrota. A raíz de este destrozo en el ejército rival Berwick reconquistó Valencia el 8 de mayo y Játiva el 20 de junio, mientras que el duque de Orleans recuperó Zaragoza el 26 de mayo y Lérida el 14 de octubre. La segunda batalla decisiva es la de Villaviciosa y Brihuega, donde el duque de Vendôme obtiene una victoria total frente a los hombres de lord Stanhope. El duque de Vendôme, por cierto, dijo en cierta ocasión sobre Felipe V: «Jamás vi tal lealtad del pueblo con su rey». Fuera de los campos de batalla, otro hecho determinante vino a dejar la Guerra de Sucesión vista para sentencia. Se trata de la muerte del emperador José de Austria, hermano mayor del archiduque Carlos, lo que significa la sucesión de este al trono como Carlos VI. Ante este panorama, Inglaterra y Holanda deciden poner fin cuanto antes a la guerra para que no haya un Carlos III de España y VI de Alemania. Para Inglaterra, el equilibrio europeo ya no es lo que era. Los ingleses inician conversaciones en Utrecht el 29 de enero de 1712, de momento sin contar con España. Felipe V renuncia solemnemente al trono de Francia el 9 de noviembre de 1712. El 10 de julio de 1713 España firma el Tratado por el que entrega a Inglaterra Menorca y Gibraltar. Cataluña se sabe y se siente sola y abandonada. Felipe V miraba ya hacia Barcelona con inevitables ganas de revancha política, sin perjuicio de cierta magnanimidad. En el Tratado de Utrecht el Rey de España concedía a los rebeldes catalanes «la amnistía y todos los privilegios que poseen y gozan y en adelante puedan poseer y gozar los habitantes de las dos Castillas, que de todos los pueblos de España son los más amados del Rey católico». En cambio, la emperatriz Isabel Cristina, esposa del ya Carlos VI del Sacro Imperio Romano Germánico, engañaba a los representantes y gobernantes catalanes con promesas cada vez más vanas. Cataluña decide resistir El gobierno de Cataluña estaba formado entonces por tres instituciones: los Consejeros de Ciento, que administraban la ciudad de Barcelona, la Diputación del General o Generalidad y la Junta de Brazos. Estas tres instituciones se reúnen en junio de 1713 y deciden resistir hasta el final. Juega un papel principal la Junta de Brazos, donde destacan tres claros líderes: el gobernador Pedro de Torrellas, el conseller en cap Rafael Casanova y el general en jefe de la defensa, Antonio de Villarroel y Peláez. Ante la negativa de Barcelona a entregarse, el duque de Pópoli inicia un bloqueo de la ciudad. El 14 de febrero de 1714 fallece la Reina María Luisa Gabriela, cuya actuación había sido importantísima para lograr la victoria de la causa borbónica. El Rey de España entra en depresión. Los dos hijos vivos que quedaban del valeroso matrimonio llegarían a ser reyes de España como Luis I y Fernando VI. Es posible que sin su esposa María Luisa Gabriela Felipe de Borbón no hubiera llegado a convertirse en el Rey que más tiempo ha reinado en España: 45 años (1700-1746, con una interrupción de nueve meses en 1724). Cuando Felipe V vuelve a ocuparse de Cataluña, sus gobernantes no solo exigen el mantenimiento de sus fueros e instituciones, sino además tres millones de libras para compensar los daños de la guerra. Como contestación, Felipe V releva al duque de Pópoli por el duque de Berwick, el vencedor en Almansa. Este se pone al frente del asedio el 6 de julio, con un importante contingente francés y sin la más mínima oposición de Inglaterra. Cuenta con 40.000 hombres y 140 cañones para el tercer y definitivo asedio. «El mes de agosto es un asalto continuo» y el último amago de Inglaterra de interceder por los catalanes se queda en eso, en un amago. La batalla final Y así llega el 11 de septiembre de 1714. A las cuatro y media de la madrugada se inicia el asalto borbónico, que emplean en la ofensiva a más de 20.000 hombres. «La resistencia se encona, algún bastión, como el convento de san Pedro, cambia de mano once veces. A las dos horas de lucha, y a ruegos del general Villarroel, Rafael Casanova tremola la bandera de Santa Eulalia que enardece a los defensores en el punto más comprometido». Tanto Casanova como Villarroel caen heridos. La dura batalla se prolonga durante todo el día, hasta que, «ya cerrada la noche, algunos consellers enarbolan bandera blanca». El historiador catalán Ferrán Soldevila, en Síntesis de la historia de Cataluña, afirma: «La defensa fue tan heroica que suscitó el estupor y la admiración de toda Europa, ganándose el respeto de sus adversarios en sus figuras más dignas. El Consejo Municipal, que encabezaba Rafael de Casanova, fue el alma de la resistencia…» Casanova, añade De La Cierva, «consiguió ocultarse y pocos años después, incitado por sus familiares, se acogió al perdón real y residió hasta su muerte sin que nadie le molestara en San Baudilio de Llobregat». No menos reseñable es el comportamiento del vencedor, el duque de Berwick. Escribe De la Cierva: «El duque de Berwick, asombrado por el valor de los defensores, con quienes no se ensañó en momento alguno, otorga bajo palabra, pero sin firma, la capitulación; en la que ofrece la vida y la seguridad personal a quienes depongan las armas y la pena de muerte a quienes, de uno u otro bando, se desmanden después del armisticio. Tan admirable o más que la heroica defensa es el comportamiento de la ciudad al empezar la mañana: las tropas borbónicas entraban con orden, sin tropelías ni abusos, pero con sorpresa desmedida al contemplar cómo los barceloneses emprendían, en los comercios, los talleres y ante las casas, su quehacer diario como si no hubiese pasado nada». Al gran periodista Jaime Campmany le gustaba recordar estos versos de Manuel Machado: «Que lo que sucedió no haya pasado, cosa que al mismo Dios es imposible». Esta idea, traducida al lenguaje vulgar, se expresaría, hoy, más o menos así: «Lo que pasó pasó, entre tú y yo». Dentro de un año se cumplirán tres siglos de la batalla del 11 de septiembre de 1714: el día que Barcelona se rindió al Rey Felipe V de Borbón.
ASÍ ES LA Hª Y LA QUIEREN CAMBIAR.
EL DÍA EN QUE BARCELONA SE RINDIÓ A FELIPE V DE BORBÓN. FELIÈ V EL ANIMOSO La capital catalana, que había proclamado como Rey de España a Carlos III, resistió un asedio de 13 meses pero, abandonada por la alianza austracista, al final sucumbió Cada 11 de septiembre muchos catalanes celebran su fiesta o «Diada». ¿Por qué el 11 de septiembre y no cualquier otra fecha del calendario? Porque el 11 de septiembre de 1714 la ciudad de Barcelona se rendía a las tropas del rey Felipe V, de la dinastía De Borbón. ¿Luchaban los catalanes por su independencia? No, luchaban por colocar en el trono español al archiduque Carlos de Austria, una pretensión que la derrota les arrebató. El 11 de septiembre de 1714 se enmarca en los estertores de la Guerra de Sucesión (1700-1714). Esta guerra dividió en dos bandos no sólo a los españoles, sino también, y primero, a los europeos. Cuando los aliados austracistas (Inglaterra, Holanda, Portugal, Austria) se dieron de baja en la contienda, ésta quedó sentenciada. Entonces Barcelona aún aguantó 13 meses de bloqueo antes de ser entregada. Rafael Casanova, conseller en cap, cayó herido, que no muerto, en esta batalla final. El testamento de Carlos II Para rememorar este lance histórico es necesario viajar más de tres siglos atrás. En 1700 el rey de España Carlos II, apodado El Hechizado, moría sin descendencia. En su testamento instituyó como heredero del trono a Felipe, duque de Anjou, nieto del rey francés Luis XIV y también de la infanta española María Teresa de Austria. Rompía así, por voluntad propia y a pesar de las muchas presiones, con dos siglos (XVI y XVII) de reinados de la Casa de Austria en España e instauraba los reinados de la Casa de Borbón, que llegan hasta nuestros días. Pero esta ruptura iba a resultar traumática. Así lo explica el insigne historiador Ricardo de la Cierva en su monumental Historia total de España: «El testamento de Carlos II, abierto a raíz de su muerte entre una enorme expectación de España y de toda Europa, fue de momento respetado en Europa pero pronto desencadenó la repulsa del Imperio austriaco –a la que se unió la Corona británica, por razones de conveniencia y equilibrio- y con ella la guerra de Sucesión española, que fue una guerra europea en el interior de España y una guerra civil española porque mientras la antigua Corona de Castilla aceptaba a Felipe V los territorios de la antigua Corona de Aragón reconocieron por Rey de España al archiduque Carlos, denominado aquí Carlos III». Siguiendo la citada obra, el rey francés Luis XIV sabía que aceptar el testamento de Carlos II significaba la guerra europea contra Francia y España. Pero lo aceptó y presentó a su nieto Felipe como nuevo Rey de España ante la Corte reunida en el salón de los Espejos del palacio de Versalles. Le dio los siguientes consejos: debía ser un buen español pero no olvidar su origen francés; respetar las instituciones españolas, viajar continuamente por el país, sentir y demostrar un gran respeto por la Iglesia, cuyo poder e influencia en España eran decisivos, y acometer una profunda política de reformas para modernizar España. Felipe V El Animoso llega a España Con sus 17 años (había nacido en Versalles el 19 de diciembre de 1683), Felipe V entró en España con una resolución y confianza que le valieron el apelativo de El Animoso. Escribe De la Cierva: «Todos los reinos de Europa le reconocieron con mayor o menor sinceridad y los pueblos y ciudades de Guipúzcoa y Castilla le acogieron con entusiasmo desbordante». Después de aguardar unos días en Irún a que la reina viuda Mariana de Neoburgo se retirase a Toledo, llegó a Madrid el 18 de febrero de 1701. El 8 de mayo siguiente juró solemnemente como Rey de España ante las Cortes de Castilla reunidas en el convento de San Jerónimo el Real. Casi al tiempo, la parisina Ana María de la Trémoille, princesa de Orsini o de los Ursinos, concertaba en Turín el matrimonio de Felipe V con la princesa María Luisa Gabriela de Saboya, que por entonces tenía 13 años. Antes de conocer a su mujer, «Felipe V salió para Barcelona y en el camino juró los Fueros aragoneses en la basílica del Pilar de Zaragoza en medio del entusiasmo popular. En Lérida juró por primera vez los Fueros de Cataluña y luego renovó sus promesas ante las Cortes reunidas en Barcelona el 12 de octubre. Se presentó ante los catalanes, que recelaban de sus propósitos, como celoso defensor de sus libertades –dice el gran historiador catalán Jaime Vicens Vives- y promotor de su progreso. Aprobó en Barcelona concesiones muy importantes como un puerto franco para la ciudad y el establecimiento del comercio catalán con las Indias…» El 3 de noviembre de 1701 se encuentra por fin con su esposa en Figueras, y los reyes instalan ese invierno su Corte en Barcelona. La alianza austracista entra en liza La guerra se empezó a gestar en Europa, no en España. «El emperador Leopoldo de Austria intrigaba en las cancillerías protestantes y marítimas de Inglaterra y Holanda contra la alianza dinástica francoespañola, que podría dominar con facilidad todo el continente americano (…) Entonces Guillermo de Orange, rey de Inglaterra y archienemigo holandés de España, concertó en La Haya el 7 de septiembre de 1701 la gran alianza europea contra Luis XIV; la firmaron Inglaterra, Holanda, Dinamarca, el elector de Brandeburgo a quien el emperador Leopoldo reconoció como rey de Prusia y por supuesto el propio emperador de Austria, cuya dinastía se consideraba la gran perjudicada por la sucesión borbónica española». Las hostilidades estallan en Flandes e Italia en la primavera de 1702. Felipe V El Animoso llega por mar a Nápoles y consigue grandes victorias en la región del Po. Pero pronto la amenaza naval de las escuadras inglesa y holandesa se cierne sobre las costas españolas. Gracias al empuje y a las órdenes de la adolescente Reina María Gabriela, Cádiz resiste un asedio. Como dice Ricardo de la Cierva: «Pronto creyó toda Europa que Felipe V perdería su trono inevitablemente; pero los agoreros no contaban con una especie de milagro, la adhesión inquebrantable y absoluta de la antigua Corona de Castilla a unos Reyes que apenas habían tenido tiempo de arraigar en España. La victoria final de Felipe V y María Gabriela se ganó en los campos de batalla de España, pero dependió sobre todo de la adhesión popular, un factor moral». Sin embargo, el camino a la victoria sería largo y tortuoso. Entre 1704 y 1706 los borbónicos cosecharon importantes derrotas. Entre ellas, una muy dolorosa cuyas secuelas llegan hasta nuestros días: la pérdida de la ciudad de Gibraltar. El 4 de agosto de 1704, la escuadra anglo-holandesa del almirante Rooke consigue, gracias a una apabullante superioridad de fuerzas, la rendición de la plaza, defendida por don Diego de Salinas con 80 soldados y 470 milicianos. Los gibraltareños abandonan su ciudad solemnemente para instalarse en San Roque. El príncipe Darmstadt toma posesión de la Roca en nombre del Rey Carlos III de España. Inglaterra reconoce que ha conquistado Gibraltar para España el 17 de noviembre. Pero Rooke, que no consigue conquistar Ceuta, iza en el Peñón la bandera inglesa. Y desde entonces. La causa de Carlos III arraigó en España en los territorios de Aragón, Valencia y Cataluña. El motivo político fundamental es que recelaban de la Administración centralista borbónica, y temían por la pérdida de sus propios fueros e instituciones, como finalmente sucedió. «El 8 de agosto la escuadra aliada fondea junto a Denia (…) la rebelión prende con fuerza en el reino de Valencia, sobre todo desde el éxito decisivo de la escuadra en Barcelona, frente a la que apareció el 22 de agosto». En Barcelona también se produce una división entre borbónicos y austracistas, pero pronto el apoyo a Carlos III se convierte en hegemónico: «Antes de acabar el año 1705 toda Cataluña le reconocía por Rey menos la ciudad de Rosas; y todo el reino de Valencia menos la ciudad de Alicante enarbolaba también su pendón». La remontada borbónica No cabe aquí un recorrido exhaustivo por la Guerra de Sucesión, pero es importante destacar dos batallas decisivas, que terminaron de inclinar la balanza del lado de los borbónicos. El 25 de abril de 1707 los dos ejércitos chocaron en Almansa (Albacete), donde las tropas del duque de Berwick infligieron a las de Lord Galloway y el marqués das Minas una severísima derrota. A raíz de este destrozo en el ejército rival Berwick reconquistó Valencia el 8 de mayo y Játiva el 20 de junio, mientras que el duque de Orleans recuperó Zaragoza el 26 de mayo y Lérida el 14 de octubre. La segunda batalla decisiva es la de Villaviciosa y Brihuega, donde el duque de Vendôme obtiene una victoria total frente a los hombres de lord Stanhope. El duque de Vendôme, por cierto, dijo en cierta ocasión sobre Felipe V: «Jamás vi tal lealtad del pueblo con su rey». Fuera de los campos de batalla, otro hecho determinante vino a dejar la Guerra de Sucesión vista para sentencia. Se trata de la muerte del emperador José de Austria, hermano mayor del archiduque Carlos, lo que significa la sucesión de este al trono como Carlos VI. Ante este panorama, Inglaterra y Holanda deciden poner fin cuanto antes a la guerra para que no haya un Carlos III de España y VI de Alemania. Para Inglaterra, el equilibrio europeo ya no es lo que era. Los ingleses inician conversaciones en Utrecht el 29 de enero de 1712, de momento sin contar con España. Felipe V renuncia solemnemente al trono de Francia el 9 de noviembre de 1712. El 10 de julio de 1713 España firma el Tratado por el que entrega a Inglaterra Menorca y Gibraltar. Cataluña se sabe y se siente sola y abandonada. Felipe V miraba ya hacia Barcelona con inevitables ganas de revancha política, sin perjuicio de cierta magnanimidad. En el Tratado de Utrecht el Rey de España concedía a los rebeldes catalanes «la amnistía y todos los privilegios que poseen y gozan y en adelante puedan poseer y gozar los habitantes de las dos Castillas, que de todos los pueblos de España son los más amados del Rey católico». En cambio, la emperatriz Isabel Cristina, esposa del ya Carlos VI del Sacro Imperio Romano Germánico, engañaba a los representantes y gobernantes catalanes con promesas cada vez más vanas. Cataluña decide resistir El gobierno de Cataluña estaba formado entonces por tres instituciones: los Consejeros de Ciento, que administraban la ciudad de Barcelona, la Diputación del General o Generalidad y la Junta de Brazos. Estas tres instituciones se reúnen en junio de 1713 y deciden resistir hasta el final. Juega un papel principal la Junta de Brazos, donde destacan tres claros líderes: el gobernador Pedro de Torrellas, el conseller en cap Rafael Casanova y el general en jefe de la defensa, Antonio de Villarroel y Peláez. Ante la negativa de Barcelona a entregarse, el duque de Pópoli inicia un bloqueo de la ciudad. El 14 de febrero de 1714 fallece la Reina María Luisa Gabriela, cuya actuación había sido importantísima para lograr la victoria de la causa borbónica. El Rey de España entra en depresión. Los dos hijos vivos que quedaban del valeroso matrimonio llegarían a ser reyes de España como Luis I y Fernando VI. Es posible que sin su esposa María Luisa Gabriela Felipe de Borbón no hubiera llegado a convertirse en el Rey que más tiempo ha reinado en España: 45 años (1700-1746, con una interrupción de nueve meses en 1724). Cuando Felipe V vuelve a ocuparse de Cataluña, sus gobernantes no solo exigen el mantenimiento de sus fueros e instituciones, sino además tres millones de libras para compensar los daños de la guerra. Como contestación, Felipe V releva al duque de Pópoli por el duque de Berwick, el vencedor en Almansa. Este se pone al frente del asedio el 6 de julio, con un importante contingente francés y sin la más mínima oposición de Inglaterra. Cuenta con 40.000 hombres y 140 cañones para el tercer y definitivo asedio. «El mes de agosto es un asalto continuo» y el último amago de Inglaterra de interceder por los catalanes se queda en eso, en un amago. La batalla final Y así llega el 11 de septiembre de 1714. A las cuatro y media de la madrugada se inicia el asalto borbónico, que emplean en la ofensiva a más de 20.000 hombres. «La resistencia se encona, algún bastión, como el convento de san Pedro, cambia de mano once veces. A las dos horas de lucha, y a ruegos del general Villarroel, Rafael Casanova tremola la bandera de Santa Eulalia que enardece a los defensores en el punto más comprometido». Tanto Casanova como Villarroel caen heridos. La dura batalla se prolonga durante todo el día, hasta que, «ya cerrada la noche, algunos consellers enarbolan bandera blanca». El historiador catalán Ferrán Soldevila, en Síntesis de la historia de Cataluña, afirma: «La defensa fue tan heroica que suscitó el estupor y la admiración de toda Europa, ganándose el respeto de sus adversarios en sus figuras más dignas. El Consejo Municipal, que encabezaba Rafael de Casanova, fue el alma de la resistencia…» Casanova, añade De La Cierva, «consiguió ocultarse y pocos años después, incitado por sus familiares, se acogió al perdón real y residió hasta su muerte sin que nadie le molestara en San Baudilio de Llobregat». No menos reseñable es el comportamiento del vencedor, el duque de Berwick. Escribe De la Cierva: «El duque de Berwick, asombrado por el valor de los defensores, con quienes no se ensañó en momento alguno, otorga bajo palabra, pero sin firma, la capitulación; en la que ofrece la vida y la seguridad personal a quienes depongan las armas y la pena de muerte a quienes, de uno u otro bando, se desmanden después del armisticio. Tan admirable o más que la heroica defensa es el comportamiento de la ciudad al empezar la mañana: las tropas borbónicas entraban con orden, sin tropelías ni abusos, pero con sorpresa desmedida al contemplar cómo los barceloneses emprendían, en los comercios, los talleres y ante las casas, su quehacer diario como si no hubiese pasado nada». Al gran periodista Jaime Campmany le gustaba recordar estos versos de Manuel Machado: «Que lo que sucedió no haya pasado, cosa que al mismo Dios es imposible». Esta idea, traducida al lenguaje vulgar, se expresaría, hoy, más o menos así: «Lo que pasó pasó, entre tú y yo». Dentro de un año se cumplirán tres siglos de la batalla del 11 de septiembre de 1714: el día que Barcelona se rindió al Rey Felipe V de Borbón.
martes, 10 de septiembre de 2013
CASANOVA ESATRÍA HORRORIZADO
CASANOVA ESTARÍA HORRORIZADO «El caudal de patrañas, embustes y tergiversaciones al que ha sido sometido el pueblo catalán ha logrado crear hoy una sociedad a imagen y semejanza del ideario nacionalista» L os nacionalismos fragmentarios precisan reescribir la historia para adaptarla a su dis¬curso, para legitimar su postura y sus aspi¬raciones. Lleva siendo así hace más de cien años y alguna de esas falsificaciones ha al¬canzado cierto predicamento .. Los embustes históricos, que si un día se intentaban colocar sibilinamente a través de los libros de textos, hoy se producen de manera industrial. Tal es el caso del llamado Institut de Nova Historia -acertadísimo nom¬bre, por cierto-, cuyos últimos estudios han descubier¬to que la epopeya americana fue en realidad cosas de ca¬talanes, que Miguel de Cervantes era en realidad Miquel Servent y la edición del Quijote que conocemos no es sino «una mala traducción del catalán», que los castellanos ursurparon a Hernán -Ferrán- Cortés su auténtica nacionalidad o, incluso, que Santa Teresa era en realidad la abadesa del Monasterio de Pedralbes . . El caudal de patrañas, embustes y tergiversa¬ciones al que ha sido sometido el pueblo catalán ha logrado crear hoy una sociedad a imagen y se¬mejanza del ideario nacionalista. El propio líder de la Lliga Catalanista Francesc Cambó confesa¬ba que su'«propaganda se dirigía principalmente a deprimir el Estado español y a exaltar las virtudes de la Cataluña pasada, presente y futura». Prat de la Riba iba un poco más allá en la hones¬tidad de su estrategia: «Tanto como exageramos la apología de lo nuestro, rebajamos y menospreciamos todo lo castellano, a tuertas y a derechas sin medida”. Lo cierto es que al principio los esfuerzos por desvincular a Cataluña del resto de España tuvieron escaso éxito: según confesaban los primeros catalanistas «(a principios de siglo) éramos muy pocos. Cuatro gatos. En cada comarca había aproximadamente un catalanista; era generalmente un hombre distinguido que tenía fama de chalado». Cien años y mu¬chos embustes después esos «chalados», ya encarama¬dos al Gobierno de la Generalitat, proclaman que tal día como hoy hace 299 años «el Estado catalán perdió su in¬dependencia». La mentira ha alcanzado carácter totémi¬co y ya no admite discusión alguna. Cataluña perdió su independencia el 11 de septiembre de 1714. Cabe deducir, por tanto, que para que la sociedad acabe por asumir como reales los nuevos «descubrimientos» de la Nava Historia tan solo fiará falta algo de tiempo y, eso sí, in¬gentes sumas de dinero que alimenten la gigantesca ma¬quinaria propagandista. Si hemos de ser honrados con el pasado, lo ocurrido hace tres siglos fue lo siguiente. Año 1700: Carlós II el úl¬timo rey de la dinastía habsbúrgica, llamado el Hechiza¬do, muere sin descendencia, nombrando como sucesor al trono de España al Barbón y nieto del Rey de Francia Felipe de Anjou, futuro Felipe V. Un rey «demente» y que «olía muy mal», según Albert Sánchez- Pinyol, autor del superventas Victus, el libro que leyó Rajoy durante sus vacaciones; Pinyol, por cierto, se mostraba convencido de que habría sido del gusto del presidente: «Al fin y al cabo, ganan los suyos». Pero volvamos a lo ocurrido a principios del XVIII. In¬glaterra, Austria y Holanda, resistiéndose a ver roto el equilibrio de fuerzas en el continente, proclaman su propio candidato al trono español-Carlos de Austria-, desatando la que dio en llamarse Guerra de Sucesión espa¬ñola; una guerra a la vez civil e internacional. Cada can¬didato representaba una concepción diferente de gobierno. Carlos de Austria personificaba el antiguo modelo foralista. Felipe V representaba un modelo más centralista, típicamente francés, que pretendía unificar jurídica y ad¬ministrativamente el territorio. En términos generales, la España castellana apoyó al candidato borbónico, y la España del viejo Reino de Aragón, al austracista. Pero no fueron ni mucho menos bloques homogéneos, hubo excepciones: el Valle de Arán , las comarcas catalanas del m interior, buena parte de Castellón y Alicante, el interior de la provincia de Valencia, las comarcas aragonesas de Tarazona y Calatayud. Todas ellas combatierom por el aspirante Borbón. Madrid, Toledo y Alcalá, por ejemplo, se mostraron partidarios del Archiduque Carlos. Como es abido, y al menos en esto aún nadie se ha inventado otra cosa, Felipe V gana la Guerra de Sucesión y es proclamado Rey: Barcelona fue el último foco de resistencia que capitulara a manos del ejército borbónico integrado, como es natural, también por catalanes-, el 11 de septiembre de 1714. Y aún en los días previos a la rendición circulaba por Barcelona el bando de Rafael de Ca¬sanova que animaba a los catalanes a «salvar la libertad del Principado y de toda España; evitar la esclavitud que espera a los catalanes y al resto de los españoles bajo el dominio francés; derramar la sangre gloriosamente por el rey; por su honor, por la Patria y por la libertad de toda España». Hoy; sin embargo, la figura de Rafael de Casano¬va ha sido retorcida hasta transformar al personaje en un caudillo separatista. En el video de la Fundación Denaes que ha circulado masivamente estos días por las redes sociales, Pilar de Casanova, descendiente directa dél con¬seller en cap, reconoce su espanto por lo que considera una «burda manipulación histórica». Y añade: «Rafael de Casanova era un patriota español, toda mi familia defen¬dió siempre la unidad de España. Él estaría horrorizado de lo que han hecho con su figura».
MAS: MENTIRAS DE AYER, MENTIRAS DE HOY
MAS: MENTIRAS DE AYER, MENTIRAS DE HOY
Ni Cataluña ha sido nunca otra cosa que España ni «España roba a Cataluña». Lo primero lo desmiente la historia; y lo segundo, las cifras reales de los ingresos de recursos públicos por habitante
ARTUR Mas ha decidido convertir el Gobierno de Cata¬luña en un comité de festejos independentistas, finan¬ciados, eso sí, con dinero público, lo que debería ser den¬unciado por la Abogacía del Estado y el Ministerio Fiscal ante los tribunales como un posible delito de malversa¬ción de caudales públicos. La utilización de estos fondos para financiar los furores separatistas es una burla a los catalanes que sufren el recorte de servicios públicos básicos, y al resto de españoles, gracias a cuya solidaridad la Generalitat paga bue¬na parte de sus facturas.
. Porque el falseamiento de la historia no es el único que ma¬neja con destreza el movimiento secesionista, que encuentra en el «España, contra Cataluña» y en el «España nos roba» un em¬buste de idéntico tamaño. Un repaso a las cifras, a las de verdad, que hoy publica ABC deja en evidencia el engaño con el que Mas adorna su mensaje victimista. Algunos ejemplos: Madrid, con un PIB por habitante 9,9% superior al catalán, ingresa unos re¬cursos públicos por habitante un 7,29% inferiores a Cataluña. Baleares (con un 15% menos de ingreso por habitante), Comunidad Valenciana (con un 20% menos), Murcia (con un 10% me-' nos) o Andalucía (con un 10% menos) son buena muestra del ta¬maño de la mentira sobre la que gira el soberanismo catalán.
La exasperación separatista en Cataluña es una realidad de la que debe responder, Artur Mas, un político que sobrevive a su debilidad vendiendo los mensajes que en cada momento le con¬vienen y ante quien le conviene. Su responsabilidad -y la de tantos protagonistas de la vida política, social y cultural de Catalu¬ña por este clima de exaltación anticonstitucional y antiespa¬ñola no puede ser condonada por pactos de baja intensidad con el Gobierno central.
No corresponde a Rajoy facilitar a Artur Mas una salida digna a su embrollo separatista, sino oponer al discurso secesionista un discurso constitucionalista, sin estridencias ni amenazas, sin mensajes patrioteros ni altisonantes. le Basta echar mano de la Constitución y de las leyes vigentes para e- recordar que ninguna Comunidad puede ser desleal con los intereses nacionales, y que, por ejemplo, ninguna sentencia firme a- del Tribunal Supremo, como las que ordenan asegurar el bilin¬güismo en Cataluña, puede ser desobedecida impunemente. Y entre tanta mentira y tanto recorte en lo básico, sigue el de¬rroche en gastos soberanistas.
Ayer se inauguró el Born Centro Cultural, primer acto de la Conmemoración del tercer centena¬rio de la derrota de 1714 ante Felipe IV. La construcción de este recinto ha supuesto unos 84 millones de euros en medio de pro¬testas del vecindario y cuando hasta el Sindic de Greuges ha de¬nunciado el avance de la mal nutrición infantil en Cataluña.
martes, 12 de junio de 2012
Vamos a intentarlo
4. El diputado dejará de votar su propio aumento de salario.
5. El diputado dejará su actual seguro de salud pagado desde Las Cortes y participará del mismo sistema de salud que los demás ciudadanos españoles.
6. El diputado debe igualmente cumplir las mismas leyes que el resto de los españoles.
miércoles, 6 de junio de 2012
EL VATICANO CRITICA A UNA MONJA
El Vaticano condenó oficialmente este lunes el libro de la religiosa estadounidense Margaret A. Farley por su tolerancia respecto a la unión homosexual, la masturbación y el divorcio seguido de nuevas nupcias.
En una nota oficial, la Congregación para la Doctrina de la Fe solicitó a los católicos que no consulten el libro 'Just Love.
A Framework for Christian Sexual Ethics' (Sólo Amor. Un marco para la ética sexual cristiana) debido a que no se corresponde con la posición de la Iglesia. "No está en conformidad con la doctrina de la Iglesia", subraya la nota divulgada por la oficina de prensa de la Santa Sede. [Te puede interesar: Emanuela Orlandi, la esclava sexual de El Vaticano] Para la congregación, este libro publicado en 2006 contiene "errores doctrinales cuya publicación ha sido causa de confusión entre los fieles" por lo que decidió emprender un ulterior "examen con procedimiento urgente" que confirmó que sus "proposiciones son erróneas".
Las autoridades del Vaticano solicitaron a Sor Farley, en una carta fechada el 5 de julio de 2011, que corrija "las tesis inaceptables" de su libro, lo que no aceptó. La religiosa, profesora de ética, defiende la masturbación, que permite "a las mujeres descubrir su propia capacidad para el placer, algo que algunas no han descubierto y ni siquiera conocido en sus relaciones sexuales ordinarias con sus maridos o amantes", escribió.
"La masturbación generalmente no implica ningún problema de carácter moral", subrayó. Sobre la homosexualidad, la monja apoya el matrimonio entre personas del mismo sexo, pide que se respeten tales relaciones y considera que las personas deben "tener la posibilidad de escoger o no de serlo". En lo referente al divorcio, Sor Farley sostiene que ante los cambios "inesperados" que atraviesa la sociedad y la pareja, la "indisolubilidad del matrimonio" se puede poner en entredicho.
A veces el matrimonio puede "disolverse" y el compromiso para toda la vida "cambiarse legítimamente", sostiene la monja. La religiosa estima que la pareja con hijos queda marcada para siempre por la experiencia, pero eso no implica "la prohibición de un nuevo matrimonio". A las posturas liberales de la monja, las autoridades de la Iglesia católica responden punto por punto y citan el catecismo y los Evangelios para rechazar tales aperturas.
"La masturbación es un acto intrínseca y gravemente desordenado", reitera la Santa Sede, que recuerda que "el uso deliberado de la facultad sexual fuera de las relaciones conyugales normales contradice su finalidad, sea cual fuere el motivo que lo determine". La condena del Vaticano fue aprobada por el papa Benedicto XVI. El viernes pasado, el Consejo Nacional de la Conferencia de Líderes de Mujeres Religiosas (LCWR, por sus siglas en inglés), que cuenta con 1.500 delegadas para representar a unas 57.000 monjas, rechazó la condena del Vaticano, que tildó "sin fundamento" y fruto de "un proceso viciado". Ante la protesta, el Vaticano divulgó la nota de cuatro páginas en cinco idiomas.
A Framework for Christian Sexual Ethics' (Sólo Amor. Un marco para la ética sexual cristiana) debido a que no se corresponde con la posición de la Iglesia. "No está en conformidad con la doctrina de la Iglesia", subraya la nota divulgada por la oficina de prensa de la Santa Sede. [Te puede interesar: Emanuela Orlandi, la esclava sexual de El Vaticano] Para la congregación, este libro publicado en 2006 contiene "errores doctrinales cuya publicación ha sido causa de confusión entre los fieles" por lo que decidió emprender un ulterior "examen con procedimiento urgente" que confirmó que sus "proposiciones son erróneas".
Las autoridades del Vaticano solicitaron a Sor Farley, en una carta fechada el 5 de julio de 2011, que corrija "las tesis inaceptables" de su libro, lo que no aceptó. La religiosa, profesora de ética, defiende la masturbación, que permite "a las mujeres descubrir su propia capacidad para el placer, algo que algunas no han descubierto y ni siquiera conocido en sus relaciones sexuales ordinarias con sus maridos o amantes", escribió.
"La masturbación generalmente no implica ningún problema de carácter moral", subrayó. Sobre la homosexualidad, la monja apoya el matrimonio entre personas del mismo sexo, pide que se respeten tales relaciones y considera que las personas deben "tener la posibilidad de escoger o no de serlo". En lo referente al divorcio, Sor Farley sostiene que ante los cambios "inesperados" que atraviesa la sociedad y la pareja, la "indisolubilidad del matrimonio" se puede poner en entredicho.
A veces el matrimonio puede "disolverse" y el compromiso para toda la vida "cambiarse legítimamente", sostiene la monja. La religiosa estima que la pareja con hijos queda marcada para siempre por la experiencia, pero eso no implica "la prohibición de un nuevo matrimonio". A las posturas liberales de la monja, las autoridades de la Iglesia católica responden punto por punto y citan el catecismo y los Evangelios para rechazar tales aperturas.
"La masturbación es un acto intrínseca y gravemente desordenado", reitera la Santa Sede, que recuerda que "el uso deliberado de la facultad sexual fuera de las relaciones conyugales normales contradice su finalidad, sea cual fuere el motivo que lo determine". La condena del Vaticano fue aprobada por el papa Benedicto XVI. El viernes pasado, el Consejo Nacional de la Conferencia de Líderes de Mujeres Religiosas (LCWR, por sus siglas en inglés), que cuenta con 1.500 delegadas para representar a unas 57.000 monjas, rechazó la condena del Vaticano, que tildó "sin fundamento" y fruto de "un proceso viciado". Ante la protesta, el Vaticano divulgó la nota de cuatro páginas en cinco idiomas.
sábado, 15 de enero de 2011
CRISTIANOS PERSEGUIDOS
C R I S T I A N I S M O P E R S E G U I D O
A raíz del asesinato de cristianos en Alejandría, ocurrido del día 1 al 2 del presente mes de enero, me he vuelto a formular la pregunta: ¿por qué el cristianismo ha sido siempre objeto de tan denodada persecución en gran parte del mundo? El periódico La Vanguardia del día 4 de enero, trae algunas referencias que anoto a continuación: “150.000 cristianos muertos al año por la persecu-ción religiosa (el 75% de las víctimas de todo el mundo”). Esto ocurre en nuestro mundo civiliza-do, de cuya humanización cabe dudar muy mucho, pues se conculca el primerísimo derecho de toda persona: el derecho a la vida. En buena lógica no encuentro ninguna causa razonable para esta ma-levolencia por parte de gentes descreídas o enemigas de una fe, que en nada estorba su incredulidad. En uso de la libertad personal, cada individuo puede elegir libremente las creencias que estime más aceptables, pero de ningún modo tiene derecho a maltratar y menos exigir el precio de la vida a los que no comparten sus ideales. Sólo veo una causa que no tiene nada de razonable en ese compor-tamiento: son los sentimientos, ajenos a la lógica y al razonamiento más elemental, los que en esos casos mueven a la acción. El sentimiento es ciego, y en su ceguera se alía con las pasiones para arrastrar a la voluntad a la acción más injustificada.
Los cristianos han sufrido persecuciones, incluso por parte de cristianos de creencias di-versas, hecho del cual los tiempos actuales son testigos. Aquí ya no me refiero sólo a la negación de los derechos cívicos que corresponden a tofo ciudadano, la no confiscación de sus bienes, o la injusta ilegalización de sus creencias, sino a verdaderas persecuciones que implican atentados y pérdida de sus vidas. Es la confirmación del anuncio del mismo Jesús: “os echarán de las sinago-gas, y aun vendrá tiempo en que quien os matare, pensará hacer un obsequio a Dios; cosa que ya hicieron con los Profetas…”. El mismo Jesús pagó con su vida la ignorancia malévola y la envidia de sus enemigos que no quisieron tolerar su diferente pensamiento religioso, que implicaba el per-feccionamiento de las meras prescripciones legales. La persecución y muerte de los Apóstoles, les confirmó la predicción de Jesús, y es entonces cuando los jefes del propio judaísmo, persiguieron sañudamente a una religión hermana y complementaria de la suya, que consideraban como rival. Desde entonces, aumenta el caudal de sangre derramada por los cristianos, empezando por San Es-teban protomártir a cuyo sacrifico asistió el propio Saulo (el futuro San Pablo), que fue un obcecado enemigo de la nueva religión, persiguiendo a los nuevos cristianos en varias ciudades, hasta su ex-traordinaria conversión camino de Damasco. Allí, más tarde tuvo que evadirse de los judíos que buscaban su muerte, que sólo evitó descolgándose en un serón fuera de la muralla de la ciudad. Es notable, que el propio San Pablo siendo judío, más tarde fuera objeto de persecución y muerte co-mo defensor irreducible de la religión que entes había perseguido.
Lo ocurrido hasta entonces era tan sólo el inicio de lo que serían las terribles persecuciones de los emperadores romanos. Consideraron el cristianismo como una nueva secta judía, y cuando los escribas y fariseos acusaron a Jesús de soliviantar al pueblo con nuevas doctrinas diferentes de la ley de Moisés, de momento el gobernador romano Pilaros se desentendió del asunto diciendo que no le atañía el tema. Pero con Nerón, y Domiciano, durante el siglo I los cristianos sufrieron ya una declarada persecución, empezando con la falsa acusación del incendio de Roma, cuyo artífi-ce fue el propio emperador Nerón. Durante la segunda mitad del siglo I, todo el siglo II y hasta el siglo IV, los cristianos fueron perseguidos por autoridades del Imperio Romano, que consideraban a los cristianos, como judíos sediciosos, recordando que en el año 70 los judíos promovieron una revuelta, que se saldó con la destrucción de Jerusalén y la deportación de muchos judíos como re-beldes políticos. Tertuliano, en su "Apología contra los gentiles", escrita en el año 200, explica cuá-les eran los delitos irracionales que se atribuían a los cristianos en sus reuniones litúrgicas. Los gen-tiles asimilaban estas reuniones nocturnas con ritos orientales enraizados en prácticas mágicas, relacionadas con la Cibeles, la diosa egipcia Isis, o los de Mitra, procedentes de Persia.
Varios emperadores romanos erigieron estatuas propias en las diversas ciudades del impe-rio, y al proclamarse dioses, exigieron que todos los ciudadanos se postrasen ante esas estatuas en signo de veneración, a lo que se negaron, en cuya actitud los romanaos veían una rebelión contra el imperio. Hubo diez grandes persecuciones romanas contra el Cristianismo, denominadas general-mente con el nombre de los emperadores que las decretaron: las de Nerón, Domiciano, Trajano, Marco Aurelio, Septimio Severo, Maximiano, Decio, Valeriano, Aureliano y Diocleciano. Puesto que el cristianismo era considerado ilegal en el Imperio, los cristianos debían ocultarse. Sus reunio-nes serían entonces secretas en las famosas las catacumbas de la ciudad de Roma, aunque según los testimonios cristianos conservados, la mayor parte de las reuniones de culto, se hacían secretamen-te en pequeños grupos en diferentes casas de los fieles. Para identificarse utilizaban signos ignora-dos por los romanos: el símbolo del Pez o las espigas que para los cristianos representaban a Jesu-cristo.
La persecución de Nerón 64-68, fue la primera. El historiador Cornelio Tácito escribió a principios del siglo II, que ante el rumor popular de que el incendio de Roma se había originado por orden superior, Nerón halló en los cristianos los chivos expiatorios que en principio satisficieron la ira del populacho. Fueron cruelmente reprimidos, y muchos como Pedro y Pablo condenados a muerte en Roma.
La persecución de Domiciano, 81-96. Fue otro emperador que se recuerda por su cruel-dad con los cristianos. Entre los numerosos mártires que sufrieron durante esta persecución, estaban Simeón obispo de Jerusalén, que fue crucificado. Flavia, hija de un senador romano, fue desterrada al Ponto (noroeste de Asia Menor, actual Turquía); y se dictó una ley diciendo: "Que ningún cristia-no, una vez traído ante un tribunal, quede exento de castigo sin que renuncie a su religión".
La persecución de Trajano, 109-111. Plinio el Joven, gobernador al noreste de Asia Me-nor, escribió al emperador para saber qué debía hacer con los cristianos, pues había ordenado la ejecución de algunos de ellos, pero no estaba seguro de qué hacer con aquéllos que dijeron que ya habían renunciado al cristianismo. El emperador respondió que los cristianos no debían ser busca-dos y que las acusaciones anónimas debían ser rechazadas como una muestra "indigna de nuestra época", y si se retractan y "adoran a nuestros dioses, deben ser liberados”; sin embargo, los que per-sistan, deben ser castigados.
La persecución de Marco Aurelio, 161-180. El populacho, saqueó las comunidades cris-tianas de Asia Menor fundadas por el Apóstol Pablo. La Persecución de Lyon (Francia), fue prece-dida por la violencia colectiva, incluyendo asaltos, robos y lapidaciones, y provocó la aniquilación de la floreciente cristiandad de esta ciudad. Cuando Marco Aurelio en el año 174 dirigió una expe-dición, en la que su ejército sediento estaba a punto de caer en manos del enemigo, y fue entonces cuando los soldados de la legión 12ª compuesta por cristianos, oraron a Dios pidiéndole ayuda. Inmediatamente empezó a tronar, y trajo la deseada lluvia a los romanos, que se rehicieron y derro-taron a los bárbaros. A consecuencia de esto, el Emperador publicó un decreto prohibiendo la per-secución contra los cristianos, y dio a esta Legión el nombre de “fulminea” es decir “atronadora” (fulmen-fulminis=rayo).
Septimio Severo, 193 – 211. Bajo su mandato los cristianos sufrieron terriblemente. Clemente de Alejandría dejó escrito: "Muchos mártires son quemados a diario, confinados o deca-pitados, ante nuestros ojos." Atribuyó a los cristianos la peste y el hambre que asolaban el imperio. En esta persecución, especialmente violenta, sufrieron martirio Santa Cecilia y su esposo Valeriano. http://ec.aciprensa.com/ecwiki/index.php?title=Legi%C3%B3n_Fulminante&oldid=9774La Iglesia estaba ganando poder, y la adhesión masiva de fieles, condujo al sentimiento popular anti-cristiano en su persecución en Cartago, Alejandría, Roma y Corinto entre 202 y 210. En el 202 Septimio promulgó una ley que prohibía la difusión del cristianismo y el judaísmo. Leónidas, defensor del cristianismo, fue decapitado; su hijo Orígenes fue perdonado de momento. Una joven fue cruelmente torturada con su madre, y luego quemada en una caldera de brea ardiente. Perpetua y Felicidad fueron marti-rizadas al igual que muchos estudiantes de Orígenes, en Alejandría. ------------------- (Sigue en pág. 3) --------------------
La persecución de Maximino, 235. Maximino el Tracio inició una persecución dirigida principalmente contra los jefes de la Iglesia en el año 235. Una de sus primeras víctimas fue Ponciano, que con Hipólito fue desterrado a la isla de Cerdeña.
La persecución de Decio, 250-251 orientó a numerosos eremitas a los bosques; entre sus mártires se cuentan el papa San Fabián y Santa Águeda; el célebre Orígenes sufrió tales tormentos, que murió después a consecuencia de ellos. La persecución de los cristianos se extendió a todo el Imperio durante este reinado. En 250, Decio publicó un edicto por el que se requería que todos los ciudadanos hicieran un sacrificio en presencia de un oficial romano y así obtener un certificado que lo demostrara. En general, la opinión pública condenaba la violencia del gobierno y se admiraba de la resistencia pasiva de los mártires, con lo que el movimiento cristiano se fortaleció. La persecu-ción duró hasta la muerte de Decio en 251. Parece que en la mayoría de las iglesias, los apóstatas fueron aceptados de nuevo en el seno de la Iglesia. Esto planteó importantes cuestiones acerca de la naturaleza del perdón, y el alto valor del martirio. Bajo Decio hubo tal martirio de creyentes, que no podían ser contados, entre ellos, Sixto, obispo de Roma y Lorenzo, su archi-diácono.
La persecución de Valeriano 256-259. Todos los clérigos cristianos fueron obligados a sacrificar a los dioses romanos. En un edicto de 257, el castigo fue el exilio, pero desde 258, la san-ción fue la muerte. Senadores cristianos, caballeros y damas fueron también obligados a sacrificar, reducidos de rango y, más tarde, sacrificados. Se prohibió a todos los cristianos visitar sus cemente-rios. Durante este tiempo, "hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, doncellas y matronas, soldados y civiles de toda edad, sufrieron: algunos la flagelación y el fuego, y otros fueron sacrificados. La persecución terminó con la captura de Valeriano por el rey de Persia. Su hijo y sucesor Galieno, revocó los edictos de su padre.
La gran persecución de Diocleciano 303-313. Fue la más cruel de todas, pues este em-perador quiso reforzar el culto imperial. Hasta ciudades enteras cristianas fueron arrasadas. Fue tan larga esta persecución que fue llamada la Era de los mártires, y entre los más célebres se cuentan los papas San Sebastián, San Pancracio, y Santa Inés. El nombre de innumerables mártires de Zaragoza designa en realidad 18 cristianos que murieron a comienzos del siglo IV en esta ciudad, víctimas del prefecto Daciano, gran perseguidor de los cristianos españoles. La fuente histórica más antigua que poseemos, es el Peristephanon (peri = acerca de + stefanos=corona –sobre la corona de los mártires). Prudencio, relata el suplicio de Santa Engracia y sus 18 compañeros. Se llama-ban: Optato, Luperco, Suceso, Marcial, Urbano, julio, Quintiliano Publio, Frontón, Félix, Cecilia-no, Evodio, Primitivo, Apodemio, y cuatro más, llamados Saturnino, que en otras fuentes los lla-man Casiano, Jenaro, Matutino y Fausto. Con ellos padeció también, aunque sin morir en el tor-mento, la virgen Engracia. Después de ser degollados, sus cuerpos fueron quemados. El cuerpo de Santa Engracia fue sepultado por el obispo Prudencio en una urna de mármol, juntando las cenizas de sus 18 compañeros, y todos se conservan en la parroquia zaragozana de Santa Engracia.
La persecución de Juliano el Apóstata. Fue el último emperador pagano del Imperio Ro-mano. Se crió en un momento en que el paganismo estaba en declive, en Roma. Al ser proclamado augusto en el año 361, Juliano de inmediato declaró su fe en los antiguos dioses romanos y empe-zó a provocar un renacimiento pagano. Sin embargo, fue asesinado en Persia en el año 363, y fraca-só su intento de restaurar el paganismo. Juliano utilizó muchos métodos para descomponer la Iglesia. Readmitió a los obispos que habían sido desterrados por sus enseñanzas heréticas, el clero fue despojado de su derecho a viajar por cuenta del Estado como lo habían hecho anteriormente, y prohibió a los cristianos enseñar obras clásicas como la Ilíada o la Odisea.
Persecuciones a cristianos en el mundo moderno. Una de las mayores persecuciones co-ntra los cristianos en la historia moderna, tuvo lugar en Vietnam, desde 1625 hasta 1886. Se calcula que en esos años fueron asesinados unos 130.000.
Persecuciones a los cristianos desde inicios del siglo XX hasta nuestros días. Según di-versos estudios, en el siglo XX habrían sido asesinados unos 45 millones de cristianos.
En España, desde 1934 a 1939 con la Guerra civil española, se contabilizan alrededor de 10 mil católicos (sacerdotes, religiosos y laicos) asesinados por motivos religiosos.
En el año 2001, el número de cristianos asesinados por motivos de su fe sería superior a 160.000.
Entre los años 2003 y 2009, según informó Asianews en diciembre 2009, habrían sido ase-sinados alrededor de 2.000 cristianos en Irak. De los cerca de 800 mil cristianos que había en el país en 2003, se calcula que quedan 450 mil en 2010.
Por lo que se refiere a La India, entre 2008 y 2010 se registraron más de 1.000 episodios anticristianos en el estado de Karnataka, según se informó en marzo de 2010. En el estado de Oris-sa, entre los años 2008-2010 más de 4.000 cristianos sufrieron persecución y presiones para conver-tirse a la religión hindú.
Según unas declaraciones de Mario Mauro, de 100 personas que mueren al año por perse-cución religiosa, 75 serían cristianos. En el mes de agosto de 2010, monseñor Mario Toso, Secreta-rio del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz, declaró que los cristianos eran el grupo religio-so más perseguido en el mundo. Habría, según los datos de ese año, unos 200 millones de cristianos en situaciones de persecución. En cambio, según un informe publicado también en 2010 por la Comisión de las Conferencias Episcopales Europeas, el número de cristianos perseguidos estaría en los 100 millones.
Estoy maravillado ante la entereza de tantos millones de cristianos a los que una extraordi-naria y especialísima gracia de Dios fortaleció sus voluntades en el momento supremo de sufrir y morir por defender su fe, y al mismo tiempo considero nuestra sinrazón de quejarnos infantilmente cuando tenemos que sobrellevar alguna contrariedad, e incluso alguna enfermedad que los médicos intentan hacer más llevadera con los analgésicos que ahora posee la medicina. Y se me ocurre aquél versículo con que empezamos el rezo de las Horas litúrgicas; “Estad con nosotros Señor, Venid Señor a ayudarnos”. Que El esté con nosotros en todo momento, para que no erremos el camino que hacia El conduce. Amén.
Mi saludo con todo afecto.
Ernesto
A raíz del asesinato de cristianos en Alejandría, ocurrido del día 1 al 2 del presente mes de enero, me he vuelto a formular la pregunta: ¿por qué el cristianismo ha sido siempre objeto de tan denodada persecución en gran parte del mundo? El periódico La Vanguardia del día 4 de enero, trae algunas referencias que anoto a continuación: “150.000 cristianos muertos al año por la persecu-ción religiosa (el 75% de las víctimas de todo el mundo”). Esto ocurre en nuestro mundo civiliza-do, de cuya humanización cabe dudar muy mucho, pues se conculca el primerísimo derecho de toda persona: el derecho a la vida. En buena lógica no encuentro ninguna causa razonable para esta ma-levolencia por parte de gentes descreídas o enemigas de una fe, que en nada estorba su incredulidad. En uso de la libertad personal, cada individuo puede elegir libremente las creencias que estime más aceptables, pero de ningún modo tiene derecho a maltratar y menos exigir el precio de la vida a los que no comparten sus ideales. Sólo veo una causa que no tiene nada de razonable en ese compor-tamiento: son los sentimientos, ajenos a la lógica y al razonamiento más elemental, los que en esos casos mueven a la acción. El sentimiento es ciego, y en su ceguera se alía con las pasiones para arrastrar a la voluntad a la acción más injustificada.
Los cristianos han sufrido persecuciones, incluso por parte de cristianos de creencias di-versas, hecho del cual los tiempos actuales son testigos. Aquí ya no me refiero sólo a la negación de los derechos cívicos que corresponden a tofo ciudadano, la no confiscación de sus bienes, o la injusta ilegalización de sus creencias, sino a verdaderas persecuciones que implican atentados y pérdida de sus vidas. Es la confirmación del anuncio del mismo Jesús: “os echarán de las sinago-gas, y aun vendrá tiempo en que quien os matare, pensará hacer un obsequio a Dios; cosa que ya hicieron con los Profetas…”. El mismo Jesús pagó con su vida la ignorancia malévola y la envidia de sus enemigos que no quisieron tolerar su diferente pensamiento religioso, que implicaba el per-feccionamiento de las meras prescripciones legales. La persecución y muerte de los Apóstoles, les confirmó la predicción de Jesús, y es entonces cuando los jefes del propio judaísmo, persiguieron sañudamente a una religión hermana y complementaria de la suya, que consideraban como rival. Desde entonces, aumenta el caudal de sangre derramada por los cristianos, empezando por San Es-teban protomártir a cuyo sacrifico asistió el propio Saulo (el futuro San Pablo), que fue un obcecado enemigo de la nueva religión, persiguiendo a los nuevos cristianos en varias ciudades, hasta su ex-traordinaria conversión camino de Damasco. Allí, más tarde tuvo que evadirse de los judíos que buscaban su muerte, que sólo evitó descolgándose en un serón fuera de la muralla de la ciudad. Es notable, que el propio San Pablo siendo judío, más tarde fuera objeto de persecución y muerte co-mo defensor irreducible de la religión que entes había perseguido.
Lo ocurrido hasta entonces era tan sólo el inicio de lo que serían las terribles persecuciones de los emperadores romanos. Consideraron el cristianismo como una nueva secta judía, y cuando los escribas y fariseos acusaron a Jesús de soliviantar al pueblo con nuevas doctrinas diferentes de la ley de Moisés, de momento el gobernador romano Pilaros se desentendió del asunto diciendo que no le atañía el tema. Pero con Nerón, y Domiciano, durante el siglo I los cristianos sufrieron ya una declarada persecución, empezando con la falsa acusación del incendio de Roma, cuyo artífi-ce fue el propio emperador Nerón. Durante la segunda mitad del siglo I, todo el siglo II y hasta el siglo IV, los cristianos fueron perseguidos por autoridades del Imperio Romano, que consideraban a los cristianos, como judíos sediciosos, recordando que en el año 70 los judíos promovieron una revuelta, que se saldó con la destrucción de Jerusalén y la deportación de muchos judíos como re-beldes políticos. Tertuliano, en su "Apología contra los gentiles", escrita en el año 200, explica cuá-les eran los delitos irracionales que se atribuían a los cristianos en sus reuniones litúrgicas. Los gen-tiles asimilaban estas reuniones nocturnas con ritos orientales enraizados en prácticas mágicas, relacionadas con la Cibeles, la diosa egipcia Isis, o los de Mitra, procedentes de Persia.
Varios emperadores romanos erigieron estatuas propias en las diversas ciudades del impe-rio, y al proclamarse dioses, exigieron que todos los ciudadanos se postrasen ante esas estatuas en signo de veneración, a lo que se negaron, en cuya actitud los romanaos veían una rebelión contra el imperio. Hubo diez grandes persecuciones romanas contra el Cristianismo, denominadas general-mente con el nombre de los emperadores que las decretaron: las de Nerón, Domiciano, Trajano, Marco Aurelio, Septimio Severo, Maximiano, Decio, Valeriano, Aureliano y Diocleciano. Puesto que el cristianismo era considerado ilegal en el Imperio, los cristianos debían ocultarse. Sus reunio-nes serían entonces secretas en las famosas las catacumbas de la ciudad de Roma, aunque según los testimonios cristianos conservados, la mayor parte de las reuniones de culto, se hacían secretamen-te en pequeños grupos en diferentes casas de los fieles. Para identificarse utilizaban signos ignora-dos por los romanos: el símbolo del Pez o las espigas que para los cristianos representaban a Jesu-cristo.
La persecución de Nerón 64-68, fue la primera. El historiador Cornelio Tácito escribió a principios del siglo II, que ante el rumor popular de que el incendio de Roma se había originado por orden superior, Nerón halló en los cristianos los chivos expiatorios que en principio satisficieron la ira del populacho. Fueron cruelmente reprimidos, y muchos como Pedro y Pablo condenados a muerte en Roma.
La persecución de Domiciano, 81-96. Fue otro emperador que se recuerda por su cruel-dad con los cristianos. Entre los numerosos mártires que sufrieron durante esta persecución, estaban Simeón obispo de Jerusalén, que fue crucificado. Flavia, hija de un senador romano, fue desterrada al Ponto (noroeste de Asia Menor, actual Turquía); y se dictó una ley diciendo: "Que ningún cristia-no, una vez traído ante un tribunal, quede exento de castigo sin que renuncie a su religión".
La persecución de Trajano, 109-111. Plinio el Joven, gobernador al noreste de Asia Me-nor, escribió al emperador para saber qué debía hacer con los cristianos, pues había ordenado la ejecución de algunos de ellos, pero no estaba seguro de qué hacer con aquéllos que dijeron que ya habían renunciado al cristianismo. El emperador respondió que los cristianos no debían ser busca-dos y que las acusaciones anónimas debían ser rechazadas como una muestra "indigna de nuestra época", y si se retractan y "adoran a nuestros dioses, deben ser liberados”; sin embargo, los que per-sistan, deben ser castigados.
La persecución de Marco Aurelio, 161-180. El populacho, saqueó las comunidades cris-tianas de Asia Menor fundadas por el Apóstol Pablo. La Persecución de Lyon (Francia), fue prece-dida por la violencia colectiva, incluyendo asaltos, robos y lapidaciones, y provocó la aniquilación de la floreciente cristiandad de esta ciudad. Cuando Marco Aurelio en el año 174 dirigió una expe-dición, en la que su ejército sediento estaba a punto de caer en manos del enemigo, y fue entonces cuando los soldados de la legión 12ª compuesta por cristianos, oraron a Dios pidiéndole ayuda. Inmediatamente empezó a tronar, y trajo la deseada lluvia a los romanos, que se rehicieron y derro-taron a los bárbaros. A consecuencia de esto, el Emperador publicó un decreto prohibiendo la per-secución contra los cristianos, y dio a esta Legión el nombre de “fulminea” es decir “atronadora” (fulmen-fulminis=rayo).
Septimio Severo, 193 – 211. Bajo su mandato los cristianos sufrieron terriblemente. Clemente de Alejandría dejó escrito: "Muchos mártires son quemados a diario, confinados o deca-pitados, ante nuestros ojos." Atribuyó a los cristianos la peste y el hambre que asolaban el imperio. En esta persecución, especialmente violenta, sufrieron martirio Santa Cecilia y su esposo Valeriano. http://ec.aciprensa.com/ecwiki/index.php?title=Legi%C3%B3n_Fulminante&oldid=9774La Iglesia estaba ganando poder, y la adhesión masiva de fieles, condujo al sentimiento popular anti-cristiano en su persecución en Cartago, Alejandría, Roma y Corinto entre 202 y 210. En el 202 Septimio promulgó una ley que prohibía la difusión del cristianismo y el judaísmo. Leónidas, defensor del cristianismo, fue decapitado; su hijo Orígenes fue perdonado de momento. Una joven fue cruelmente torturada con su madre, y luego quemada en una caldera de brea ardiente. Perpetua y Felicidad fueron marti-rizadas al igual que muchos estudiantes de Orígenes, en Alejandría. ------------------- (Sigue en pág. 3) --------------------
La persecución de Maximino, 235. Maximino el Tracio inició una persecución dirigida principalmente contra los jefes de la Iglesia en el año 235. Una de sus primeras víctimas fue Ponciano, que con Hipólito fue desterrado a la isla de Cerdeña.
La persecución de Decio, 250-251 orientó a numerosos eremitas a los bosques; entre sus mártires se cuentan el papa San Fabián y Santa Águeda; el célebre Orígenes sufrió tales tormentos, que murió después a consecuencia de ellos. La persecución de los cristianos se extendió a todo el Imperio durante este reinado. En 250, Decio publicó un edicto por el que se requería que todos los ciudadanos hicieran un sacrificio en presencia de un oficial romano y así obtener un certificado que lo demostrara. En general, la opinión pública condenaba la violencia del gobierno y se admiraba de la resistencia pasiva de los mártires, con lo que el movimiento cristiano se fortaleció. La persecu-ción duró hasta la muerte de Decio en 251. Parece que en la mayoría de las iglesias, los apóstatas fueron aceptados de nuevo en el seno de la Iglesia. Esto planteó importantes cuestiones acerca de la naturaleza del perdón, y el alto valor del martirio. Bajo Decio hubo tal martirio de creyentes, que no podían ser contados, entre ellos, Sixto, obispo de Roma y Lorenzo, su archi-diácono.
La persecución de Valeriano 256-259. Todos los clérigos cristianos fueron obligados a sacrificar a los dioses romanos. En un edicto de 257, el castigo fue el exilio, pero desde 258, la san-ción fue la muerte. Senadores cristianos, caballeros y damas fueron también obligados a sacrificar, reducidos de rango y, más tarde, sacrificados. Se prohibió a todos los cristianos visitar sus cemente-rios. Durante este tiempo, "hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, doncellas y matronas, soldados y civiles de toda edad, sufrieron: algunos la flagelación y el fuego, y otros fueron sacrificados. La persecución terminó con la captura de Valeriano por el rey de Persia. Su hijo y sucesor Galieno, revocó los edictos de su padre.
La gran persecución de Diocleciano 303-313. Fue la más cruel de todas, pues este em-perador quiso reforzar el culto imperial. Hasta ciudades enteras cristianas fueron arrasadas. Fue tan larga esta persecución que fue llamada la Era de los mártires, y entre los más célebres se cuentan los papas San Sebastián, San Pancracio, y Santa Inés. El nombre de innumerables mártires de Zaragoza designa en realidad 18 cristianos que murieron a comienzos del siglo IV en esta ciudad, víctimas del prefecto Daciano, gran perseguidor de los cristianos españoles. La fuente histórica más antigua que poseemos, es el Peristephanon (peri = acerca de + stefanos=corona –sobre la corona de los mártires). Prudencio, relata el suplicio de Santa Engracia y sus 18 compañeros. Se llama-ban: Optato, Luperco, Suceso, Marcial, Urbano, julio, Quintiliano Publio, Frontón, Félix, Cecilia-no, Evodio, Primitivo, Apodemio, y cuatro más, llamados Saturnino, que en otras fuentes los lla-man Casiano, Jenaro, Matutino y Fausto. Con ellos padeció también, aunque sin morir en el tor-mento, la virgen Engracia. Después de ser degollados, sus cuerpos fueron quemados. El cuerpo de Santa Engracia fue sepultado por el obispo Prudencio en una urna de mármol, juntando las cenizas de sus 18 compañeros, y todos se conservan en la parroquia zaragozana de Santa Engracia.
La persecución de Juliano el Apóstata. Fue el último emperador pagano del Imperio Ro-mano. Se crió en un momento en que el paganismo estaba en declive, en Roma. Al ser proclamado augusto en el año 361, Juliano de inmediato declaró su fe en los antiguos dioses romanos y empe-zó a provocar un renacimiento pagano. Sin embargo, fue asesinado en Persia en el año 363, y fraca-só su intento de restaurar el paganismo. Juliano utilizó muchos métodos para descomponer la Iglesia. Readmitió a los obispos que habían sido desterrados por sus enseñanzas heréticas, el clero fue despojado de su derecho a viajar por cuenta del Estado como lo habían hecho anteriormente, y prohibió a los cristianos enseñar obras clásicas como la Ilíada o la Odisea.
Persecuciones a cristianos en el mundo moderno. Una de las mayores persecuciones co-ntra los cristianos en la historia moderna, tuvo lugar en Vietnam, desde 1625 hasta 1886. Se calcula que en esos años fueron asesinados unos 130.000.
Persecuciones a los cristianos desde inicios del siglo XX hasta nuestros días. Según di-versos estudios, en el siglo XX habrían sido asesinados unos 45 millones de cristianos.
En España, desde 1934 a 1939 con la Guerra civil española, se contabilizan alrededor de 10 mil católicos (sacerdotes, religiosos y laicos) asesinados por motivos religiosos.
En el año 2001, el número de cristianos asesinados por motivos de su fe sería superior a 160.000.
Entre los años 2003 y 2009, según informó Asianews en diciembre 2009, habrían sido ase-sinados alrededor de 2.000 cristianos en Irak. De los cerca de 800 mil cristianos que había en el país en 2003, se calcula que quedan 450 mil en 2010.
Por lo que se refiere a La India, entre 2008 y 2010 se registraron más de 1.000 episodios anticristianos en el estado de Karnataka, según se informó en marzo de 2010. En el estado de Oris-sa, entre los años 2008-2010 más de 4.000 cristianos sufrieron persecución y presiones para conver-tirse a la religión hindú.
Según unas declaraciones de Mario Mauro, de 100 personas que mueren al año por perse-cución religiosa, 75 serían cristianos. En el mes de agosto de 2010, monseñor Mario Toso, Secreta-rio del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz, declaró que los cristianos eran el grupo religio-so más perseguido en el mundo. Habría, según los datos de ese año, unos 200 millones de cristianos en situaciones de persecución. En cambio, según un informe publicado también en 2010 por la Comisión de las Conferencias Episcopales Europeas, el número de cristianos perseguidos estaría en los 100 millones.
Estoy maravillado ante la entereza de tantos millones de cristianos a los que una extraordi-naria y especialísima gracia de Dios fortaleció sus voluntades en el momento supremo de sufrir y morir por defender su fe, y al mismo tiempo considero nuestra sinrazón de quejarnos infantilmente cuando tenemos que sobrellevar alguna contrariedad, e incluso alguna enfermedad que los médicos intentan hacer más llevadera con los analgésicos que ahora posee la medicina. Y se me ocurre aquél versículo con que empezamos el rezo de las Horas litúrgicas; “Estad con nosotros Señor, Venid Señor a ayudarnos”. Que El esté con nosotros en todo momento, para que no erremos el camino que hacia El conduce. Amén.
Mi saludo con todo afecto.
Ernesto
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