sábado, 15 de enero de 2011

CRISTIANOS PERSEGUIDOS

C R I S T I A N I S M O P E R S E G U I D O
A raíz del asesinato de cristianos en Alejandría, ocurrido del día 1 al 2 del presente mes de enero, me he vuelto a formular la pregunta: ¿por qué el cristianismo ha sido siempre objeto de tan denodada persecución en gran parte del mundo? El periódico La Vanguardia del día 4 de enero, trae algunas referencias que anoto a continuación: “150.000 cristianos muertos al año por la persecu-ción religiosa (el 75% de las víctimas de todo el mundo”). Esto ocurre en nuestro mundo civiliza-do, de cuya humanización cabe dudar muy mucho, pues se conculca el primerísimo derecho de toda persona: el derecho a la vida. En buena lógica no encuentro ninguna causa razonable para esta ma-levolencia por parte de gentes descreídas o enemigas de una fe, que en nada estorba su incredulidad. En uso de la libertad personal, cada individuo puede elegir libremente las creencias que estime más aceptables, pero de ningún modo tiene derecho a maltratar y menos exigir el precio de la vida a los que no comparten sus ideales. Sólo veo una causa que no tiene nada de razonable en ese compor-tamiento: son los sentimientos, ajenos a la lógica y al razonamiento más elemental, los que en esos casos mueven a la acción. El sentimiento es ciego, y en su ceguera se alía con las pasiones para arrastrar a la voluntad a la acción más injustificada.
Los cristianos han sufrido persecuciones, incluso por parte de cristianos de creencias di-versas, hecho del cual los tiempos actuales son testigos. Aquí ya no me refiero sólo a la negación de los derechos cívicos que corresponden a tofo ciudadano, la no confiscación de sus bienes, o la injusta ilegalización de sus creencias, sino a verdaderas persecuciones que implican atentados y pérdida de sus vidas. Es la confirmación del anuncio del mismo Jesús: “os echarán de las sinago-gas, y aun vendrá tiempo en que quien os matare, pensará hacer un obsequio a Dios; cosa que ya hicieron con los Profetas…”. El mismo Jesús pagó con su vida la ignorancia malévola y la envidia de sus enemigos que no quisieron tolerar su diferente pensamiento religioso, que implicaba el per-feccionamiento de las meras prescripciones legales. La persecución y muerte de los Apóstoles, les confirmó la predicción de Jesús, y es entonces cuando los jefes del propio judaísmo, persiguieron sañudamente a una religión hermana y complementaria de la suya, que consideraban como rival. Desde entonces, aumenta el caudal de sangre derramada por los cristianos, empezando por San Es-teban protomártir a cuyo sacrifico asistió el propio Saulo (el futuro San Pablo), que fue un obcecado enemigo de la nueva religión, persiguiendo a los nuevos cristianos en varias ciudades, hasta su ex-traordinaria conversión camino de Damasco. Allí, más tarde tuvo que evadirse de los judíos que buscaban su muerte, que sólo evitó descolgándose en un serón fuera de la muralla de la ciudad. Es notable, que el propio San Pablo siendo judío, más tarde fuera objeto de persecución y muerte co-mo defensor irreducible de la religión que entes había perseguido.
Lo ocurrido hasta entonces era tan sólo el inicio de lo que serían las terribles persecuciones de los emperadores romanos. Consideraron el cristianismo como una nueva secta judía, y cuando los escribas y fariseos acusaron a Jesús de soliviantar al pueblo con nuevas doctrinas diferentes de la ley de Moisés, de momento el gobernador romano Pilaros se desentendió del asunto diciendo que no le atañía el tema. Pero con Nerón, y Domiciano, durante el siglo I los cristianos sufrieron ya una declarada persecución, empezando con la falsa acusación del incendio de Roma, cuyo artífi-ce fue el propio emperador Nerón. Durante la segunda mitad del siglo I, todo el siglo II y hasta el siglo IV, los cristianos fueron perseguidos por autoridades del Imperio Romano, que consideraban a los cristianos, como judíos sediciosos, recordando que en el año 70 los judíos promovieron una revuelta, que se saldó con la destrucción de Jerusalén y la deportación de muchos judíos como re-beldes políticos. Tertuliano, en su "Apología contra los gentiles", escrita en el año 200, explica cuá-les eran los delitos irracionales que se atribuían a los cristianos en sus reuniones litúrgicas. Los gen-tiles asimilaban estas reuniones nocturnas con ritos orientales enraizados en prácticas mágicas, relacionadas con la Cibeles, la diosa egipcia Isis, o los de Mitra, procedentes de Persia.
Varios emperadores romanos erigieron estatuas propias en las diversas ciudades del impe-rio, y al proclamarse dioses, exigieron que todos los ciudadanos se postrasen ante esas estatuas en signo de veneración, a lo que se negaron, en cuya actitud los romanaos veían una rebelión contra el imperio. Hubo diez grandes persecuciones romanas contra el Cristianismo, denominadas general-mente con el nombre de los emperadores que las decretaron: las de Nerón, Domiciano, Trajano, Marco Aurelio, Septimio Severo, Maximiano, Decio, Valeriano, Aureliano y Diocleciano. Puesto que el cristianismo era considerado ilegal en el Imperio, los cristianos debían ocultarse. Sus reunio-nes serían entonces secretas en las famosas las catacumbas de la ciudad de Roma, aunque según los testimonios cristianos conservados, la mayor parte de las reuniones de culto, se hacían secretamen-te en pequeños grupos en diferentes casas de los fieles. Para identificarse utilizaban signos ignora-dos por los romanos: el símbolo del Pez o las espigas que para los cristianos representaban a Jesu-cristo.
La persecución de Nerón 64-68, fue la primera. El historiador Cornelio Tácito escribió a principios del siglo II, que ante el rumor popular de que el incendio de Roma se había originado por orden superior, Nerón halló en los cristianos los chivos expiatorios que en principio satisficieron la ira del populacho. Fueron cruelmente reprimidos, y muchos como Pedro y Pablo condenados a muerte en Roma.
La persecución de Domiciano, 81-96. Fue otro emperador que se recuerda por su cruel-dad con los cristianos. Entre los numerosos mártires que sufrieron durante esta persecución, estaban Simeón obispo de Jerusalén, que fue crucificado. Flavia, hija de un senador romano, fue desterrada al Ponto (noroeste de Asia Menor, actual Turquía); y se dictó una ley diciendo: "Que ningún cristia-no, una vez traído ante un tribunal, quede exento de castigo sin que renuncie a su religión".
La persecución de Trajano, 109-111. Plinio el Joven, gobernador al noreste de Asia Me-nor, escribió al emperador para saber qué debía hacer con los cristianos, pues había ordenado la ejecución de algunos de ellos, pero no estaba seguro de qué hacer con aquéllos que dijeron que ya habían renunciado al cristianismo. El emperador respondió que los cristianos no debían ser busca-dos y que las acusaciones anónimas debían ser rechazadas como una muestra "indigna de nuestra época", y si se retractan y "adoran a nuestros dioses, deben ser liberados”; sin embargo, los que per-sistan, deben ser castigados.
La persecución de Marco Aurelio, 161-180. El populacho, saqueó las comunidades cris-tianas de Asia Menor fundadas por el Apóstol Pablo. La Persecución de Lyon (Francia), fue prece-dida por la violencia colectiva, incluyendo asaltos, robos y lapidaciones, y provocó la aniquilación de la floreciente cristiandad de esta ciudad. Cuando Marco Aurelio en el año 174 dirigió una expe-dición, en la que su ejército sediento estaba a punto de caer en manos del enemigo, y fue entonces cuando los soldados de la legión 12ª compuesta por cristianos, oraron a Dios pidiéndole ayuda. Inmediatamente empezó a tronar, y trajo la deseada lluvia a los romanos, que se rehicieron y derro-taron a los bárbaros. A consecuencia de esto, el Emperador publicó un decreto prohibiendo la per-secución contra los cristianos, y dio a esta Legión el nombre de “fulminea” es decir “atronadora” (fulmen-fulminis=rayo).
Septimio Severo, 193 – 211. Bajo su mandato los cristianos sufrieron terriblemente. Clemente de Alejandría dejó escrito: "Muchos mártires son quemados a diario, confinados o deca-pitados, ante nuestros ojos." Atribuyó a los cristianos la peste y el hambre que asolaban el imperio. En esta persecución, especialmente violenta, sufrieron martirio Santa Cecilia y su esposo Valeriano. http://ec.aciprensa.com/ecwiki/index.php?title=Legi%C3%B3n_Fulminante&oldid=9774La Iglesia estaba ganando poder, y la adhesión masiva de fieles, condujo al sentimiento popular anti-cristiano en su persecución en Cartago, Alejandría, Roma y Corinto entre 202 y 210. En el 202 Septimio promulgó una ley que prohibía la difusión del cristianismo y el judaísmo. Leónidas, defensor del cristianismo, fue decapitado; su hijo Orígenes fue perdonado de momento. Una joven fue cruelmente torturada con su madre, y luego quemada en una caldera de brea ardiente. Perpetua y Felicidad fueron marti-rizadas al igual que muchos estudiantes de Orígenes, en Alejandría. ------------------- (Sigue en pág. 3) --------------------
La persecución de Maximino, 235. Maximino el Tracio inició una persecución dirigida principalmente contra los jefes de la Iglesia en el año 235. Una de sus primeras víctimas fue Ponciano, que con Hipólito fue desterrado a la isla de Cerdeña.
La persecución de Decio, 250-251 orientó a numerosos eremitas a los bosques; entre sus mártires se cuentan el papa San Fabián y Santa Águeda; el célebre Orígenes sufrió tales tormentos, que murió después a consecuencia de ellos. La persecución de los cristianos se extendió a todo el Imperio durante este reinado. En 250, Decio publicó un edicto por el que se requería que todos los ciudadanos hicieran un sacrificio en presencia de un oficial romano y así obtener un certificado que lo demostrara. En general, la opinión pública condenaba la violencia del gobierno y se admiraba de la resistencia pasiva de los mártires, con lo que el movimiento cristiano se fortaleció. La persecu-ción duró hasta la muerte de Decio en 251. Parece que en la mayoría de las iglesias, los apóstatas fueron aceptados de nuevo en el seno de la Iglesia. Esto planteó importantes cuestiones acerca de la naturaleza del perdón, y el alto valor del martirio. Bajo Decio hubo tal martirio de creyentes, que no podían ser contados, entre ellos, Sixto, obispo de Roma y Lorenzo, su archi-diácono.
La persecución de Valeriano 256-259. Todos los clérigos cristianos fueron obligados a sacrificar a los dioses romanos. En un edicto de 257, el castigo fue el exilio, pero desde 258, la san-ción fue la muerte. Senadores cristianos, caballeros y damas fueron también obligados a sacrificar, reducidos de rango y, más tarde, sacrificados. Se prohibió a todos los cristianos visitar sus cemente-rios. Durante este tiempo, "hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, doncellas y matronas, soldados y civiles de toda edad, sufrieron: algunos la flagelación y el fuego, y otros fueron sacrificados. La persecución terminó con la captura de Valeriano por el rey de Persia. Su hijo y sucesor Galieno, revocó los edictos de su padre.
La gran persecución de Diocleciano 303-313. Fue la más cruel de todas, pues este em-perador quiso reforzar el culto imperial. Hasta ciudades enteras cristianas fueron arrasadas. Fue tan larga esta persecución que fue llamada la Era de los mártires, y entre los más célebres se cuentan los papas San Sebastián, San Pancracio, y Santa Inés. El nombre de innumerables mártires de Zaragoza designa en realidad 18 cristianos que murieron a comienzos del siglo IV en esta ciudad, víctimas del prefecto Daciano, gran perseguidor de los cristianos españoles. La fuente histórica más antigua que poseemos, es el Peristephanon (peri = acerca de + stefanos=corona –sobre la corona de los mártires). Prudencio, relata el suplicio de Santa Engracia y sus 18 compañeros. Se llama-ban: Optato, Luperco, Suceso, Marcial, Urbano, julio, Quintiliano Publio, Frontón, Félix, Cecilia-no, Evodio, Primitivo, Apodemio, y cuatro más, llamados Saturnino, que en otras fuentes los lla-man Casiano, Jenaro, Matutino y Fausto. Con ellos padeció también, aunque sin morir en el tor-mento, la virgen Engracia. Después de ser degollados, sus cuerpos fueron quemados. El cuerpo de Santa Engracia fue sepultado por el obispo Prudencio en una urna de mármol, juntando las cenizas de sus 18 compañeros, y todos se conservan en la parroquia zaragozana de Santa Engracia.
La persecución de Juliano el Apóstata. Fue el último emperador pagano del Imperio Ro-mano. Se crió en un momento en que el paganismo estaba en declive, en Roma. Al ser proclamado augusto en el año 361, Juliano de inmediato declaró su fe en los antiguos dioses romanos y empe-zó a provocar un renacimiento pagano. Sin embargo, fue asesinado en Persia en el año 363, y fraca-só su intento de restaurar el paganismo. Juliano utilizó muchos métodos para descomponer la Iglesia. Readmitió a los obispos que habían sido desterrados por sus enseñanzas heréticas, el clero fue despojado de su derecho a viajar por cuenta del Estado como lo habían hecho anteriormente, y prohibió a los cristianos enseñar obras clásicas como la Ilíada o la Odisea.
Persecuciones a cristianos en el mundo moderno. Una de las mayores persecuciones co-ntra los cristianos en la historia moderna, tuvo lugar en Vietnam, desde 1625 hasta 1886. Se calcula que en esos años fueron asesinados unos 130.000.
Persecuciones a los cristianos desde inicios del siglo XX hasta nuestros días. Según di-versos estudios, en el siglo XX habrían sido asesinados unos 45 millones de cristianos.
En España, desde 1934 a 1939 con la Guerra civil española, se contabilizan alrededor de 10 mil católicos (sacerdotes, religiosos y laicos) asesinados por motivos religiosos.
En el año 2001, el número de cristianos asesinados por motivos de su fe sería superior a 160.000.
Entre los años 2003 y 2009, según informó Asianews en diciembre 2009, habrían sido ase-sinados alrededor de 2.000 cristianos en Irak. De los cerca de 800 mil cristianos que había en el país en 2003, se calcula que quedan 450 mil en 2010.
Por lo que se refiere a La India, entre 2008 y 2010 se registraron más de 1.000 episodios anticristianos en el estado de Karnataka, según se informó en marzo de 2010. En el estado de Oris-sa, entre los años 2008-2010 más de 4.000 cristianos sufrieron persecución y presiones para conver-tirse a la religión hindú.
Según unas declaraciones de Mario Mauro, de 100 personas que mueren al año por perse-cución religiosa, 75 serían cristianos. En el mes de agosto de 2010, monseñor Mario Toso, Secreta-rio del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz, declaró que los cristianos eran el grupo religio-so más perseguido en el mundo. Habría, según los datos de ese año, unos 200 millones de cristianos en situaciones de persecución. En cambio, según un informe publicado también en 2010 por la Comisión de las Conferencias Episcopales Europeas, el número de cristianos perseguidos estaría en los 100 millones.
Estoy maravillado ante la entereza de tantos millones de cristianos a los que una extraordi-naria y especialísima gracia de Dios fortaleció sus voluntades en el momento supremo de sufrir y morir por defender su fe, y al mismo tiempo considero nuestra sinrazón de quejarnos infantilmente cuando tenemos que sobrellevar alguna contrariedad, e incluso alguna enfermedad que los médicos intentan hacer más llevadera con los analgésicos que ahora posee la medicina. Y se me ocurre aquél versículo con que empezamos el rezo de las Horas litúrgicas; “Estad con nosotros Señor, Venid Señor a ayudarnos”. Que El esté con nosotros en todo momento, para que no erremos el camino que hacia El conduce. Amén.
Mi saludo con todo afecto.
Ernesto

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